Trasversales
Carmen Castro

El nuevo municipalismo se abre paso: gobernar obedeciendo

Revista Trasversales número 35 julio 2015

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El sábado fue un día ilusionante; el inicio de una nueva fase del proceso de emancipación ciudadana que se viene gestando desde que en 2011 se activó la ocupación de las plazas por la indignación social. Algunas de las corporaciones locales constituidas el pasado 13 de junio en el Estado español, están trasladando un mensaje muy claro: el cambio social ha comenzado ya, desde el poder local, el interés común y la diversidad. Algunos de los gestos simbólicos que se hicieron en las "investiduras" dan cuenta de que el nuevo municipalismo se abre paso: gobernar obedeciendo es la receta que mejor sintetiza este compromiso.

Madrid, Barcelona, A Coruña, Santiago de Compostela, Cádiz, Zaragoza, Alicante y Valencia son ejemplos del nuevo municipalismo que emerge desde la unidad popular, con una apuesta firme por la transparencia, la participación ciudadana, la igualdad y la dignidad de las personas. Gestos cargados de simbolismo, como las investiduras institucionales retransmitidas por streaming, las investiduras ciudadanas y asambleas en la plaza del ayuntamiento (A Coruña y Barcelona), el anuncio de la apertura de comedores escolares (Madrid), la paralización de los desahucios (Barcelona) y el anuncio de la puesta en marcha de planes de emergencia ciudadana anticipan una corriente esperanzadora. Hay otros cambios, que también son importantes, y que representan la recuperación de gobiernos progresistas para el interés general, echando a las mafias instaladas, conservadoras, especuladoras y corruptas; es el caso de ciudades como Castellón, Córdoba, Oviedo o Zamora.

Todo ello avanza un escenario de posibilidades y de otras formas de gobernar y administrar desde el poder local los recursos públicos. Bienvenido sea este tiempo de cambio inaugurado desde las grandes ciudades. Lástima que aún no podamos congratularnos totalmente, hay todavía demasiadas rémoras, inercias de viejas formas de gobierno y se resiste la igualdad efectiva en el acceso y representación política de hombres y de mujeres.

#SinMujeresNOhayDemocracia

La percepción mayoritaria es la de que hay mujeres, que en las elecciones del 24 de Mayo han sido elegidas muchas mujeres, activistas LGTB y más diversidad en los nuevos go­biernos. Lo de "mucho" siempre es relativo, porque hay quien considera, por ejemplo, que mejorar posiciones respecto al pasado ya es mucho y hay quien considera que un resultado que no alcance el criterio de paridad no es suficiente. Pues bien, los resultados cantan por sí mismos: apenas un 20% de alcaldesas en las capitales de provincia.

¿De dónde sale pues esa sensación de "mu­chas mujeres"? En mi opinión, a dicha percepción ha contribuido la existencia de liderazgos femeninos fuertes, con reco­nocimiento social y gran proyección me­diática, como el de Manuela Carmena y Ada Colau, en las dos ciudades con mayor población del Estado (Madrid y Bar­celona), o como el de Mónica Oltra (a la Ge­neralitat Valenciana) y Susana Díaz (Presidenta de Andalucía); liderazgos que se han contrastados con las alargadas sombras mediáticas de Esperanza Aguirre, Cristina Cifuentes o Rita Barberá. Parece más bien que se ha generado un ‘efecto espejismo’ por el mayor número de noticias protagonizadas por estas mujeres en la ca­rrera política. Y así, si bien en algunos territorios, como Cataluña, se ha producido un avance representativo importante, con nueve de las 20 primeras ciudades catala­nas gobernadas por mujeres (45%), este resultado no es extrapolable al resto del estado español (1).

La paridad se resiste, y con ella la profundización democrática que necesitamos; así pues, este es un reto importante sobre el que habrá que seguir trabajando para forjar una cambio transformacional efectivo. Ya desde las instituciones y con el mayor compromiso existente por construir otro modelo de sociedad basado en los derechos humanos, la igualdad y la diversidad, debería ser relativamente fácil avanzar en los procesos de la paridad como criterio de redistribución, representación y recono­cimiento. A este cometido puede contribuir notablemente el hecho de que haya más mujeres y feministas en las instituciones, que hayan entrado activistas de derechos humanos y LGTB visibles a los nuevos gobiernos locales y regionales (como en Alicante, Valencia o Madrid)... qué duda cabe que entre todxs ellxs aumentarían exponencialmente el impulso necesario para una democracia real, y aún más si se van materializando propuestas como la de un pacto de sororidad (2).

La tarea reviste complejidad y los retos que asumen las nuevas corporaciones son grandes en un contexto que se irá re-definiendo por la revisión de acuerdos, negociaciones y pactos que propicien gestionar la diversidad para la justicia social y de género.

La responsabilidad asumida por los nuevos equipos de gobierno anticipa algunas medidas que tendrán que ir implementándose para dar respuesta, al menos, a los siguientes ejes de acción desde el municipalismo:

- Atención a las situaciones de emergencia social y de género para garantizar derechos básicos de ciudadanía y dignidad humana: alimentación y nutrición, salud, educación, vivienda y vidas libre de violencia

- Democratización, transparencia y rendición de cuentas

- Redistribución equitativa de recursos, tiempos y responsabilidades.

- Contribución de las políticas locales a la igualdad de género y a la diversidad.

- Emancipación ciudadana y fortalecimiento de los procesos participativos de unidad popular.

- Articulación de sinergias, alianzas y pactos por la justicia social y de género.


¡Vamos a ello! son muchas las expectativas y necesidades; sigamos construyendo des­de la inteligencia colectiva sabiéndonos protagonistas de esta nueva etapa.



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